Bienvenid@


Querido soñador/a, bienvenid@
Soy Silvia Soñadora. Escribo para reflejar todo lo que mi alma quiere gritar. Un buen libro y un café. El ritmo de una canción. Sonrisas. Amor. Arte.
Esas pequeñas cosas que hacen esta vida tan bonita.
Dicen que escribir es el espejo del alma, así que las palabras aquí escritas serán mi reflejo.

Como parte de mis sueños, espero que disfrutes la lectura.

Está dentro de ti

19.11.17

Tendemos a pensar a lo grande, olvidando la magia de las pequeñas cosas,
olvidando que unos segundos pueden cambiar tu vida para siempre.

Olvidando que nuestro tiempo es limitado, 
olvidando tantas cosas por dar importancia a unas pocas.

Tendemos a pensar que quedarse es lo correcto,
que las personas que se quedan mucho tiempo,
son las únicas capaces de aportarnos,
y a veces, de tanto que se quedan nos restan, 
y a veces, de tan rápido que se marchan nos marcan.

A veces noventa minutos son suficientes.

Porque todo está dentro, de ti, de mí. Solo tiene que llegar quién sepa desempolvar viejos diccionarios, quién nos abra los ojos, quién nos enseñe tanto en tan poco, que se quede para siempre aún cuando se vaya.

Entre tres mil miradas, el lunes trece me crucé con un ángel. Vestía de profesor, pero llevaba dentro una de las almas más bonitas con las que he tenido el placer de compartir espacio y tiempo.

Iba a enseñarnos biología, y sin embargo, me regaló una de las mejores lecciones de vida que me han dado.

Empezó diciendo que tenemos todo dentro de nosotros, y nos habló de Michael Jackson, un niño que creció entre algodones, con la fama casi servida en bandeja, y que a pesar de haber nacido en el cielo tenía el infierno dentro de él.
Después, mencionó a Nelson Mandela, un hombre que pasó años encerrado, viviendo penurias injustamente, un hombre que fue infravalorado enormemente, y que sin embargo, tras haber vivido en ese infierno tanto tiempo, lo único que tenía en su corazón era paz.
Su reflexión tras esta comparación fue que nosotros somos los que llevamos nuestra vida dentro, en nuestra actitud y nuestro corazón, que no importa cual sea nuestro entorno, siempre quedará por encima lo que llevamos en nuestro propio cuerpo.

Ese día empecé a mirarme de otra forma a mí misma, quiero ver que hay dentro de mí, que quiero que haya. No creo en el destino ni tampoco en las casualidades, creo que absolutamente todo depende de nosotros, de ti, de mí.

Creo que nuestras vidas las escribimos nosotros con lo que llevamos dentro, con lo que late nuestro corazón, con las miradas que se cruzan nuestras pupilas y que nos enseñan un poquito de mundo desde su punto de vista, con lo que las almas gritan y lo que las palabras significan, las emociones que nos rompen y nos crean, con el baile al ritmo de nuestras pisadas.

A veces, todo lo que tanto estás buscando, está justo en el centro de tu ombligo, al otro lado del espejo, esperando a que mires dentro. Porque siempre, todo, está dentro de ti.
¿Se nota que soy feliz? ¿Y que hace un frío de morirse?

Y tantas veces hacemos magia, cuando dejamos de ser cuerpos para ser almas.

Silvia Soñadora

Setenta y tres pasos hacia delante

12.11.17

¡Buenas tardes valientes!


Después de dos semanas sin publicar ya iba siendo hora de volver a pasarme por aquí y contaros un poco que es de mi vida al otro lado del charco, (viva por la expresión original donde las haya)


Aviso importante: Se viene una entrada bastante larga, así que si os disponéis a leerla os aconsejo que os preparéis un colacao con galletas, o un bocadillo de chorizo, vosotros que podéis.


Y estando todos preparados… empecemos.


El pasado martes fue Halloween, y puedo decir que lo disfruté como una enana. Fui disfrazada al instituto, y allí casi todos, incluyendo profesores (podríais aprender un poco profesores españoles), iban disfrazados. Por la tarde fui a hacer el famoso truco o trato que aparece en las películas americanas, y el ambiente en las calles me pareció tan mágico… Llegué a casa con una bolsa de chuches que te subía el azúcar solo de mirarla pero oye, es una forma curiosa de probar todos los dulces canadienses habidos y por haber…


La semana pasada también llegó el frío, más aún. Estuvimos una semana entera con la máxima por los -10 grados, sobra decir que yo iba con mi abrigo que me llega por debajo de las rodillas y una bufanda que me cubre media cara, mientras aquí la gente va con cazadoras finas o incluso en sudadera, pero oye no es asunto mío si ellos tienen la sangre congelada y pueden salir así a la calle sin morir de hipotermia.
El jueves nevó, nevó a lo grande, y el viernes, el sábado, hasta el domingo. Digamos que el viento era tan frío que te atravesaba entera, y digo esto siendo de Burgos.


El viernes, el día empezó un poco torcido. Yo fui a coger el bus como todas las mañanas, pero tras media hora esperando, el bus seguía sin aparecer, y fuimos viendo como el resto de chicos y chicas desistieron y se fueron. Es importante recalcar que estaba nevando y hacía -15 grados,  sensación térmica de -23.
Al final nos llevaron en coche los padres de una amiga, y como era de esperar llegamos tarde, como la mitad de mi instituto porque había atasco en toda la ciudad. Después de esta pequeña anécdota del “otoño” canadiense, el día fue bien, y como siempre hay que quedarse con lo bueno, puedo decir que por fin vi los famosos ciervos de Canadá, cuando iba en el coche había dos corriendo por una montaña.
Ese fin de semana lo pase en casa, y más a gusto que un arbusto (va por ti, mamá)


                                          

   

                                                    
A día de hoy sigue habiendo nieve por toda la calle, sigo llevando mis botas y cambiándome a zapatillas en cada lugar al que voy, sigo yendo modo esquimal cada vez que asomo la nariz al congelador que se hace llamar calle, y bueno creo que será esa mi rutina hasta mayo, porque sí, aquí el invierno dura SEIS MESES.


Como os dije en una de las primeras entradas, esto es un continuo “es mi primera vez”, incluso después de más de setenta días aquí.


Y ahora es cuando os cuento lo rápido que se me va todo, y sé que puede sonar repetitivo y cansino, pero de verdad, la velocidad del tiempo aquí da vértigo, como cuando me doy cuenta de que este es mi tercer mes, que en una semana me toca pagar otra vez la factura del móvil y parece que la pague anteayer… o mismamente cuando veo la decoración navideña por todos lados y te das cuenta de que en mes y medio es 2018.




Los que me conocéis sabéis que no sería yo, sin una parte profunda, la ya típica reflexión (o reflexiones)


Tengo tantas cosas que quiero compartir que no sé muy bien que contaros primero. Estoy aprendiendo en todos los sentidos a niveles estratosféricos, pero sin duda a nivel personal es como más.


Cuando vine yo creía que era independiente, y aquí me he dado cuenta de que inconscientemente nos acomodamos a que nos resuelvan cada pequeño percance que se sale de nuestro conocimiento, quiero decir, se nos rompe algo y nos falta tiempo para llamar a alguien, o hablo por mí. Yo lo hacía. Y aquí, sin embargo, busco la manera de solucionarlo por mí misma antes, y por fin he aprendido a controlar un poco más el agobio, ese bicho malo que entra por el cuerpo cuando cualquier mínima tontería cambia un poco el transcurso de tu vida.





Hablemos de la ‘zona de confort’, sinceramente yo nunca le daba importancia a esa frase de salir de tu zona de confort, qué ilusa. La famosa “zona” es tener a tu madre recordándote que hagas no sé qué, tener a tu padre para que te arregle el collar que se te ha roto, a tu hermana para una charla de esas que liberan, a tu mejor amigo para cualquier plan improvisado, o a tu mejor amiga para una tarde de esas de perder el tiempo estando juntas, tener a toda esa gente que nos calma, nos escucha, nos abraza… tu rutina, tu sofá…
La zona de confort es real, y salir de ella es la manera de crecer. De superarte, y necesitarte a ti. De aprender a valorarte, y a valorar


A día de hoy, valoro cualquier detalle de una manera en la que nunca habría imaginado, una sonrisa, una palabra bonita, un hola inesperado, cualquier cosa de verdad… puede hacerte el día. Y mucho más allá, valoro a toda la gente que está ahí, los consejos que antes me sacaban de quicio… todo, valoro todo un millón de veces más que antes.  


También pienso mucho más antes de hablar o actuar. Siempre he odiado juzgar a la gente porque creo que cada uno lleva mil batallas por dentro y no somos quién para hablar de lo que cada uno hace o siente, o es. Pues adivinad qué, aquí aún más.


Siempre he sido muy sensible, la chica de las mil emociones y que se guarda todo para ella, y os contaré un secreto, la mayoría de personas importantes en mi vida no saben ni un décima parte de lo que he pasado, lo que he sentido… pues aquí esas emociones descontroladas se multiplican por tropecientos mil, y por fin estoy aprendiendo a gestionarlas un poco mejor, un poco.


Me quedan muchas cosas que decir, que contar, que compartir… y por supuesto que seguir aprendiendo, pero también nos queda tiempo, solo que va con el turbo a mil.


Gracias si has leído hasta aquí, y gracias a todos los que formáis parte de mi vida.
Solo quiero recordaros que soy feliz, que estoy cambiando mucho por dentro, muchísimo. Y que siempre hay algo bueno, si abres bien los ojos, y el corazón, siempre habrá algo de color, algo que valorar porque está ahí para ti.


La felicidad es el camino, la actitud, es momentos, y eres tú. Solamente tú.

Os mando un abrazo muy fuerte, de esos que tanto me faltan aquí, y mucho amor.






P.D: Nunca dejéis de soñar, y jamás dejéis de luchar
Silvia Soñadora

Infinitos

22.10.17

Yo era de las que siempre decía que no me gustaban las despedidas, y ahora me doy cuenta de que lo verdaderamente jodido es no poder decir adiós, irse sin despedirse, que todo se acabe sin que tú hayas tenido suficiente.

Maldita nuestra manía de eternizar el tiempo, de vivir creyendo en la infinitud de los momentos. Ya no sé si es de gilipollas o de bohemios.
Intento buscar la manera de ser consecuente, pero solo sé que estamos locos por pasar por tantos lugares estando quietos, y demasiado cuerdos por no volar más alto aunque nos estrellemos.
Que irónico querer y no poder, que un beso sea tan efímero como intenso.
Que perdamos por querer ganar. Acelerar para llegar, y pasarnos de vueltas.

Que seamos tanto y al mismo tiempo tan poco. Que el miedo nos gane tantas veces, aún sabiendo que solo nos estamos frenando. Llegamos sin saber si correr, o volar, si parar o coger el tren sin pensar.

Un día abres los ojos y ves que has estado a oscuras todo este tiempo. Que has dado demasiado a quién no se merecía  ni la mitad, y que sigues queriendo a bocajarro aunque te haga daño.
Que aún arriesgas por los casos perdidos, abrazas el amanecer con chupitos, y te fundes en los brazos de quién es abrigo.
Que aún somos niños, que luchan por su lugar en cada sitio al que van, que buscan sin rumbo, que sonríen al mar, y son océano en medio de la ciudad. Que tenemos un corazón ya viejo de tantas personas a las que hemos querido, pero tan joven que pasa las penas bailando mientras corremos por los sueños que aún no hemos sido.

Después de darnos cuenta que solo madrugamos 52 lunes al año, que no solo las ocho semanas de verano pasan volando, y que ahora noventa días parecen cuatro, y en un año vivimos tanto como las siete vidas de un gato.
Que la vida no es llegar, irse o quedarse, es el camino que pasamos.

Y que después de todo lo que pensamos, tan solo somos lo que sentimos.
Que solo tenemos la vida, que es tan fuerte para mantenernos despiertos, pero tan volátil como un sueño cuando dejas de estar dormido.

Y al final, solo nos queda mañana, noche, pero nunca tiempo. Siempre se acaba.
Y antes de que sea demasiado tarde, aprendemos a ser.
Porque ser, es quererse para poder querer, valorarse para aprender a valorar, sonreír al mundo, y abrazar la vida.
Ser, es tan grande como seas capaz de valorar cada pequeño detalle.

Y así, pasa el tiempo.

Y ser es solo el principio, de ser eternos.

Porque somos infinitos, en el tiempo que vivimos.




Con muchísimo amor para todos los valientes,
Silvia Soñadora