Cabizbajas las ramas reciben al invierno, desnudas y avergonzadas. Las hojas escapan, revoloteando con las pisadas humanas. Los bancos, viejos y solos, esperando una persona cansada que caliente sus tablas desgastadas.
Las aceras desabrigadas, solitarias, aguardando a la primavera, y a las flores con su llegada. Las tiendas abiertas o cerradas, esperanzadas porque un caminante entre a visitarlas.
La lluvia, asomándose por entre las nubes, al menos una vez a la semana.
El invierno, como el otoño o el verano, cambia los armarios.
Sonrisas escondidas tras inmensas bufandas, desaliñados y graciosos gorros, guantes que cubren las manos.
Paseos invernales, en febrero, noviembre, diciembre o enero, y calles congeladas, entre árboles emocionados.
Una época del año más, que algunos odian y otros aman.
Silvia Soñadora